¿Y SI ESTA NAVIDAD CENAMOS SIN CELULAR?

Una propuesta incómoda para recuperar la mesa, la conversación y la atención que se nos va entre notificaciones.

La mesa está servida, el pavo ya salió del horno, el bacalao huele a gloria y siempre hay alguien —siempre— que deja el celular junto al plato. Pantalla hacia arriba. Por si vibra. Por si pasa algo. Por si el mundo se acaba justo cuando sirven el puré.

Spoiler: no pasa nada. Pero nadie lo suelta.

En México, nueve de cada diez personas usan el celular mientras comen. Y aunque la mayoría jura que “antes se convivía mejor” , ahí seguimos: scrolleando entre bocado y bocado, contestando mensajes que no eran urgentes y perdiéndonos la plática de la tía que, con suerte, solo habla una vez al año.

La tecnología llegó para conectarnos, sí. Pero en la mesa familiar suele hacer justo lo contrario: nos sienta juntos, pero cada quien en su propio universo. El cuerpo está ahí; la cabeza anda en Instagram, WhatsApp o viendo un video que mañana no vas a recordar.

Julia Roberts —que no es tu tía, pero podría serlo— lo dijo claro: estamos perdiendo el arte de la conversación. Y no porque no tengamos tema, sino porque ya no sabemos escuchar sin interrupciones, sin vibraciones, sin esa ansiedad de voltear a ver la pantalla cada treinta segundos.

La cena navideña, además, no es cualquier comida. Es ritual y tradición. Es de las pocas veces en el año en las que la familia se sienta junta sin pretexto. Donde el recalentado se alarga, las historias se repiten y alguien saca un chisme viejo que vuelve a funcionar como si fuera nuevo.

Pero ahora la sobremesa dura menos. Se fragmenta. Cada quien se va yendo, poquito a poquito, al rectángulo luminoso que cabe en la palma de la mano.

Los estudios dicen —y esta vez sí les vamos a creer— que comer sin pantallas mejora la convivencia, la conexión emocional y hasta el humor. No porque el celular sea el villano, sino porque la mesa pide otra cosa: atención, chistes mal contados, silencios incómodos y miradas sin filtro.

La pregunta no es regaño ni campaña anti-celular. Es más bien un experimento decembrino:

¿Qué tal si esta Navidad dejamos el teléfono lejos de la mesa?

Igual la cena dura más. Igual te ríes de algo que no esperabas. Igual escuchas una historia que nunca te habían contado.

Por eso y muchas cosas más… deja el celular esta Navidad 🎶

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