En Veracruz pasa algo que no termina con el Año Nuevo: cocinamos como si fuéramos a alimentar a media colonia y luego nadie sabe cómo guardar el recalentado. Y claro, nadie quiere que sobre poco. El resultado es el mismo de siempre: el recalentado persiguiendo a la familia por días… o semanas.
Pero ojo: si no lo guardas bien, ese festín familiar puede convertirse en víctima del temido freezer burn, la quemadura por congelación.
El fenómeno es simple: el congelador pierde humedad y la toma directo de tus alimentos. Si el envase no está bien sellado, o lleva siglos ahí adentro, el aire hace lo suyo: deshidrata, oxida y apaga color, sabor y textura.
La señal es clara: cristales finos de hielo pegados en la superficie y tonos apagados que hacen que los guisos no se parezcan en nada a lo que eran antes.
La buena noticia: se puede comer.
La mala: ya no va a saber igual… ni aunque ahora le reces a todos los santos disponibles.
Si prefieres evitar el congelador y guardar todo en el refri, estos son los tiempos seguros para esquivar tragedias alimentarias postnavideñas:
Hasta 4 días: carnes, rellenos, purés, verduras y postres frutales.
Hasta 5 días: panes recién horneados.
Hasta 10 días: panes prehechos o de fábrica.
Recuerda: Un recalentado bien guardado dura más y sabe mejor.
Y si aun así lo arruinas… no te preocupes: siempre habrá un tío diciéndote:
“¡Échamelo a mí, yo sí me lo chingo!”
…y luego preguntándose por qué amaneció torcido.


