Diciembre es ese mes donde los villancicos atacan desde noviembre, los niños ajenos corren como si hubieran ingerido Monster y los suegros desarrollan la capacidad de aparecer justo cuando uno respira profundo. Por eso, elegir bien los vinos para diciembre no es un lujo: es una estrategia de supervivencia. El espíritu navideño es hermoso, claro… pero también una prueba de resistencia para quien ya viene cansado de la vida desde marzo.
Afortunadamente, existe una herramienta diplomática ancestral creada para suavizar reuniones imposibles: el vino.
Y para no andar improvisando, nuestra sommelier de cabecera, Ángeles Sánchez, hizo la tarea: probó, comparó, descartó y escogió las etiquetas que realmente nos ayuden a sobrevivir diciembre con dignidad.

Aquí van tres botellas legalmente permitidas para “acompañar la convivencia”, no para escapar de ella (guiño-guiño).
- Sauvignon Blanc–Viognier, Cañada de los Encinos, Valle de Guadalupe
Fresco, cítrico, con notas de durazno y flores blancas. Un vino que huele a paz interior… o al menos a tolerancia temporal. Perfecto para cuando tu tía panista pregunta por qué sigues sin casarte.
- Tuma, Shiraz–Malbec–Merlot, Sierra de Arteaga, Coahuila
Un ensamblaje serio: frutas negras, especias y taninos que te abrazan mejor que tu primo el de Monterrey. Ideal para conversaciones que empiezan con “a ver, yo nada más digo…”.
- Inédito, Grenache–Caladoc, Ezequiel Montes, Querétaro
Jugoso, alegre, ligeramente especiado. El vino que te recuerda respirar cuando los niños gritan, los tíos empiezan a hablar de la herencia y tu cuñado explica criptomonedas por cuarta Navidad consecutiva.
Al final, el vino no arregla nada… pero lo hace más soportable. Y en diciembre, con eso basta: bendito el trago que evita guerras familiares y convierte dramas en abrazos.